La Comisión copresidida por Michelle Bachelet e Iván Duque presentó este Martes 4 de Agosto en Santiago su informe Rupturas y oportunidades. El diagnóstico es duro pero la frase que todos van a citar, la que convierte los minerales de la región en herramienta de negociación, es también la más peligrosa. Una periferia que juega esa carta suele perderla.

Un diagnóstico que no esquiva la palabra poder

El documento que la Comisión puso sobre la mesa esta semana empieza donde la mayoría de los informes regionales todavía no se anima. Define el momento como un quiebre estructural del orden de posguerra: el paso de un mundo organizado por reglas a uno organizado por relaciones de poder. Multipolaridad competitiva asimétrica, fragmentación regulatoria, y una idea que recorre todo el texto: la interdependencia dejó de ser un espacio neutral de eficiencia y pasó a usarse como instrumento de coerción. Trece expertos trabajaron un año y medio para llegar a esa premisa, que se alinea con una mirada realista de las relaciones internacionales.
El punto más filoso llega cuando la Comisión cita la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de noviembre de 2025 y nombra el corolario de Trump a la doctrina Monroe: un hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles, con acceso asegurado a cadenas de suministro y puntos estratégicos. Que un órgano de las Naciones Unidas incorpore ese lenguaje a su propio texto no es un detalle de estilo. Es la confirmación, desde un actor insospechado, de que el vector hemisférico volvió a activarse, ahora escrito por la CEPAL con las palabras de la Casa Blanca.

Ocho rupturas de peso desigual

El informe ordena su diagnóstico en ocho rupturas simultáneas, y el orden dice tanto como el contenido. Las tres primeras son geoeconómicas puras: la interdependencia convertida en coerción, la erosión del multilateralismo y el paso de la unipolaridad a la competencia multipolar asimétrica. La lista sigue con el retroceso democrático, la desinformación en la era de la IA, el retroceso en derechos de la mujer y el fin del consenso climático, todas puestas en el mismo escalón que la reconfiguración del poder mundial.
Esa horizontalidad es reveladora, incluso para una organización como la CEPAL que tiene su centro de gravedad en otros ejes ajenos a la geopolítica. Para quien decide en minería, banca o energía, las rupturas operativas son la primera, la tercera y la octava en su costado de seguridad energética; las demás importan, pero corren por otro carril. El informe ordena sus rupturas por amplitud de agenda antes que por consecuencia estratégica. Esa apertura difusa anticipa la receta difusa.

El inventario de activos

Sobre ese diagnóstico, el informe construye su apuesta: la región tiene lo que el mundo emergente necesita. Define cinco categorías de activos, y la primera ordena todo el resto, la dotación de recursos.
La región concentra el 46% de las reservas mundiales de litio, el 35% de las de cobre, el 28% de las de grafito y el 23% de las de tierras raras. Es el principal exportador neto de alimentos del planeta, alberga casi la mitad de la biodiversidad terrestre y un tercio del agua dulce, y tiene la matriz eléctrica más limpia del mundo. La segunda de las diez propuestas es directa: usar esos recursos como herramienta estratégica de negociación.
El problema aparece en la letra chica del propio informe, y conviene subrayarlo porque casi nadie lo va a citar. Entre 2019 y 2023, el 62% de las exportaciones de minerales críticos de la región salió sin procesar o apenas refinado, la proporción más alta entre los grandes exportadores del mundo. A eso se suma un comercio intrarregional que representa apenas el 14% de las exportaciones de bienes, una de las tasas más bajas del planeta, sobre un mercado de 660 millones de personas que hoy opera desarticulado. La palanca existe en el subsuelo, pero en la cadena de valor, se exporta antes de convertirse en palanca.

La zona de paz, bien mirada

El informe suma a su inventario un capítulo de seguridad que esquiva el vocabulario de la defensa. La condición de la región como primera zona densamente poblada libre de armas nucleares, sellada por el Tratado de Tlatelolco de 1967, aparece como activo político y como base de poder blando: autoridad moral en los foros de desarme, imagen de zona de paz sin guerras entre Estados. El propio Capítulo V lo confirma. La cooperación externa en seguridad es selectiva, se concentra en defensa puntual, tecnologías de doble uso e intercambio de inteligencia, y pesa mucho menos en la disuasión o la proyección de fuerza que en contener vulnerabilidades internas, sobre todo el crimen organizado.
Vista de cerca, esa postura desarmada no es ingenuidad. Para una región en la posición de la nuestra, mantenerse libre de armas nucleares y sin carrera armamentista es la jugada sensata, la que evita gastar capital escaso en confrontaciones que no puede sostener. El problema aparece un paso después. El poder blando que el informe celebra tiene una propiedad incómoda: es volátil, derivado, y no rinde en la mesa donde se reparten los minerales. La autoridad moral de Tlatelolco es real. No es moneda de curso legal.

La carta que conviene no jugar

Acá se abre la grieta que atraviesa todo el informe. El diagnóstico es un mundo de coerción. La receta oscila entre dos estrategias que no caben juntas.
Cuando propone usar los recursos como herramienta de negociación y reclama capacidad de agencia, el informe habla el idioma de la autonomía: la región construye poder colectivo y se niega a subordinarse. Cuando propone no tomar partido, diversificar alianzas y sostener la zona de paz, habla otro idioma, el que en las relaciones internacionales conocemos como realismo periférico: un Estado débil reserva su escasa capacidad de confrontación para lo que de verdad le importa, sus intereses materiales, y evita el choque simbólico con la potencia porque ese choque lo paga caro y casi siempre lo pierde.
Las dos recetas no se maximizan a la vez, y en la era del corolario de Trump a Monroe una tiene todas las de ganar sobre la otra. Una región poco relevante para los intereses vitales de Washington que decide blandir sus minerales como palanca geopolítica se expone a una regla vieja y cruel: cuanto menos le importás a la potencia, más arbitrario y experimental es su castigo, porque equivocarse con vos casi no le cuesta nada. No es un temor abstracto. La región ya pagó esa factura entre 1942 y 1949, cuando una neutralidad leída como desafío bastó para que Washington sentenciara a la Argentina al estancamiento, con un boicot comercial y financiero que se prolongó durante años y quedó documentado hasta el último memorando.
Ahí está el error que el informe no ve. Ser una zona desarmada y libre de armas nucleares es sensato. Convertir esa misma riqueza en un arma de negociación frente a la potencia que acaba de declarar que quiere el hemisferio con acceso asegurado a esos activos es la fantasía que conviene no cometer. Se puede procesar el litio, capturar renta, industrializar aguas abajo, y el informe lo recomienda con acierto. Blandirlo como carta geopolítica es otra cosa, y es la que abre la puerta a pensar en otro escenario.

Qué leer si uno decide en minería, banca o energía

Para un decisor, el informe vale como mapa preciso del terreno y como manual incompleto para cruzarlo. Los activos son reales. La disciplina para no sobrejugarlos es el capítulo que falta.
En minería, la lectura operativa es que el activo estratégico seguirá siendo exposición mientras no haya procesamiento local ni coordinación regional, y que la respuesta pasa por capturar valor material antes que por buscar apalancamiento político. La combinación de 62% de exportación en bruto y un corolario de Trump que reclama acceso asegurado define un perfil de riesgo que hay que poner en precio, no una ventaja de negociación que convenga exhibir.
En energía está la palanca más subestimada del documento. La matriz limpia de la región, con 90% de generación renovable en el Brasil y 63% en Chile, es la única ventaja que permite mover el procesamiento aguas abajo con baja huella de carbono, hoy concentrado en Asia. Es el punto donde la captación de valor se puede construir de verdad, sin necesidad de convertir el recurso en un desafío.
En banca, el informe se apoya en la banca de desarrollo, el BNDES, la CAF, el BID, como brazo financiero de toda la estrategia. Es correcto, con una advertencia. El capital financia extracción; no financia soberanía. La pregunta que el decisor regional debería hacerse frente a este informe apunta menos a si los activos alcanzan y más a con qué disciplina piensa administrarlos para que sigan siendo activos y no se conviertan en blanco.

Fernando Legrand — Strathos Lab

Fuente: Comisión de la CEPAL sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe, Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica, CEPAL, Santiago, 4 de agosto de 2026. Documento completo en https://www.cepal.org/es/publicaciones/90219-rupturas-oportunidades-propuestas-que-america-latina-caribe-prospere-la-nueva y micrositio oficial en https://sitios.cepal.org/geopolitica/es