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El martes 28 de abril, por invitación del Rector de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF), Dr. Julio César Spota, asistimos a una conferencia del Colegio Interamericano de Defensa (IADC) en la que se expuso el corolario de la doctrina Monroe que orienta la nueva Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana.

La sesión combinó la mirada institucional del IADC sobre seguridad multidimensional en el hemisferio, presentada por el Capitán de Navío Alejo Bonanni y el Decano Dr. Mark Hamilton, con la exposición doctrinaria de Andrew Sanders, Strategic Advisor del IADC, sobre la nueva arquitectura de prioridades de Estados Unidos en las Américas.

Lo que sigue no es un resumen de la conferencia. Es una lectura de las implicaciones que el marco expuesto tiene para tres sectores que en América Latina suelen analizarse en silos: minería, energía y banca.

Las cinco prioridades de la nueva doctrina

La doctrina actualizada ordena la posición estratégica de Estados Unidos en torno a cinco prioridades explícitas, presentadas en este orden: controlar el continente americano hasta la cuenca del Mississippi como límite geográfico interno; eliminar las amenazas terrestres dentro del continente; proteger los accesos marítimos del hemisferio; garantizar la libre navegación y el comercio en alta mar; e impedir que un hegemón eurasiático establezca presencia o bases de operaciones en las Américas.

Las cuatro primeras son operativas. La quinta es la que ordena el resto. Y allí aparece un dato que conviene leer con cuidado: la doctrina identifica tres actores extra-hemisféricos como objeto de la estrategia, no uno solo. China es el más nombrado, pero Rusia e Irán comparten la categoría operativa. La presencia iraní en el hemisferio se invocó con dos referencias precisas: el rol de Irán en el sostén petrolero de Venezuela, y los atentados de 1992 contra la Embajada de Israel y de 1994 contra la AMIA en Buenos Aires.

La doctrina no es anti-China en sentido estricto. Es anti-presencia extra-hemisférica, y eso amplía el universo de actores y operaciones que quedan bajo su lente.

La doctrina Donroe y sus tres ejes operativos

Sanders denominó al corolario de Trump como «doctrina Donroe» (semántica impulsada desde la narrativa de la Casa Blanca), recordando que la doctrina Monroe original se estructuraba sobre tres ejes -las tres C-: colonialismo, comercio y comunismo. La actualización mantiene la lógica trinitaria pero la reorganiza sobre tres nuevos ejes: priorización del hemisferio, avance contra las amenazas, y reorganización de las alianzas.

El primer eje establece que el hemisferio occidental no es zona de despliegue periférico sino el teatro central de la política exterior norteamericana. La frase con la que Sanders sintetizó esta lógica fue precisa:

«América First no significa América sola, sino las Américas, en plural, primero.»

Esa pluralización es deliberada, y posiciona a los países latinoamericanos no como espectadores de la política norteamericana sino como integrantes de un sistema regional cuya alineación es activa, no presunta.

El segundo eje identifica tres órdenes de amenaza: las amenazas a las fronteras y la soberanía, los narcoterroristas, y los actores extra-hemisféricos. La inclusión de los actores extra-hemisféricos como categoría operativa autónoma es la novedad doctrinal más importante. Convierte cualquier presencia económica, tecnológica, financiera o de infraestructura proveniente de China, Rusia o Irán en un objeto legítimo de política de seguridad, no sólo de política comercial.

El tercer eje reorganiza las alianzas en dos movimientos simultáneos: reclutar nuevos aliados para enfrentar las amenazas identificadas, y desplazar a los países alineados con el llamado socialismo del siglo XXI. Venezuela aparece nombrada explícitamente como caso paradigmático, aunque la lógica se extiende.

Andrew Sanders, Strategic Advisor del IADC analizando la Doctrina Donroe.

Andrew Sanders, Strategic Advisor del Colegio Interamericano de Defensa, durante su exposición sobre la doctrina Donroe.

El alcance sectorial: más amplio de lo que circula en el debate público

La conferencia confirmó que el alcance sectorial de la doctrina es más amplio de lo que circula en el debate público. En energía, el objetivo es asegurar la libre disponibilidad y el flujo de petróleo en el hemisferio, en manos de aliados de Estados Unidos. En presencia naval, ampliar el despliegue de la Marina y la Guardia Costera en el hemisferio.

En materia financiera, el objetivo declarado es reposicionar al dólar como moneda de reserva, pero la lectura completa exige nombrar contra qué se reposiciona. La contraparte explícita son los swaps de yuanes que el Banco Popular de China viene ofreciendo a bancos centrales latinoamericanos -Argentina, Brasil, Chile, entre otros- como alternativa de liquidez sin pasar por el dólar. Y la contraparte estructural es el financiamiento chino de infraestructura crítica regional, con el puerto de Chancay en Perú como caso paradigmático: una terminal de aguas profundas operada por COSCO Shipping que reordena los flujos comerciales del Pacífico sudamericano sin pasar por puertos de operación occidental.

El reposicionamiento del dólar no es retórica monetaria por parte de la administración Trump y su Secretario, Scott Bessent. Es la respuesta directa a una infraestructura financiera y logística alternativa que ya está en operación.

Frente a una pregunta específica de Strathos Lab sobre el alcance del concepto TaskTac y los sectores económicos comprendidos por la doctrina, Sanders amplió el campo más allá de los sectores tradicionalmente asociados a la seguridad: telecomunicaciones, software, y componentes farmacéuticos -estos últimos con el objetivo explícito de desplazar a India y China de la cadena global de suministro-. Esa ampliación cambia el cálculo regulatorio de cualquier operador regional que dependa de tecnología, financiamiento o insumos de esas economías.

La frase que articula todo el marco fue contundente:

«La prosperidad llega con seguridad.»

En términos operativos, eso significa que el acceso a financiamiento multilateral, concesiones de recursos, licencias de exportación y participación en cadenas de suministro estratégicas va a estar progresivamente condicionado a la alineación geopolítica del operador. No sólo a su desempeño técnico, no sólo a su perfil ESG. La alineación es ahora una variable independiente y eso abre el camino para potenciar mecanismos de Due Diligence Geopolítico en estos sectores críticos.

Decano Mark Hamilton presentando el enfoque institucional del IADC sobre seguridad multidimensional en el hemisferio

El Dr. Mark Hamilton presentando el enfoque institucional del IADC sobre seguridad multidimensional en el hemisferio

Implicaciones para los tres sectores ancla

Minería

Para la minería latinoamericana, la implicación más relevante no está en quién compra el mineral, sino en bajo qué marco regulatorio termina operando la concesión. Una operación minera con maquinaria china, software de gestión chino, o financiamiento estructurado con bancos vinculados a la Belt and Road Initiative empieza a ser leída como un activo bajo influencia extra-hemisférica. Eso no se traduce en sanciones inmediatas, se traduce en condiciones progresivas de acceso a mercados, financiamiento de seguros, y elegibilidad para asociaciones estratégicas con operadores norteamericanos. La pregunta para los operadores en Chile, Perú, Argentina o Brasil ya no es sólo dónde vender, sino con qué arquitectura tecnológica y financiera quedan integrados.

Energía

Para el sector energético, la doctrina formaliza algo que el mercado ya intuía: el flujo de hidrocarburos en el hemisferio occidental es ahora un componente explícito de la seguridad nacional norteamericana. Eso reordena la lectura de cada inversión upstream y midstream en la región. Vaca Muerta, el offshore brasileño, el gas guyanés, las reservas mexicanas no se evalúan sólo por sus reservas y costos sino por la confiabilidad geopolítica del operador y de su cadena de suministro técnico. Las inversiones de actores extra-hemisféricos en el sector energético regional, sin desaparecer, pasan a operar bajo un techo regulatorio progresivamente más bajo y sujetas a la imposición de aranceles adicionales al 10% establecido para el hemisferio.

Banca

Para la banca latinoamericana, el cambio es más sutil pero más profundo. El financiamiento estructurado de proyectos mineros, energéticos y de infraestructura va a estar cada vez más sujeto a criterios de elegibilidad que evalúan no sólo el riesgo financiero del proyecto sino la composición geopolítica de su cadena de proveedores, su esquema de propiedad, y su exposición tecnológica. Los bancos regionales que operan con líneas de swap en yuanes, o que financian proyectos integrados a la red Chancay-COSCO, no están haciendo banca tradicional con riesgo soberano: están asumiendo un riesgo regulatorio cruzado que todavía no aparece en sus modelos.

El marco que no se elige se sufre

Lo que está cambiando no es el discurso. Es el marco.

La doctrina no se aplica con tratados. Se aplica con criterios de elegibilidad, due diligence y condicionamientos de financiamiento que se filtran sector por sector, contrato por contrato, licencia por licencia.

Para los decisores latinoamericanos, esto plantea una decisión inmediata: leer el marco activamente y elegir, o no leerlo y operar bajo reglas que no eligieron.

El que no lee el marco, va a operar bajo reglas que no eligió.

Por Fernando Legrand  – Director de Strathos Lab Inteligencia Glocal y Resiliencia Estratégica – strathoslab.com