Sudamérica como potencia bioceánica
La adjudicación de la hidrovía argentina, la reabsorción del Canal de Panamá por Washington y el rosario de corredores bioceánicos parecen cinco noticias separadas. Son un solo proceso: la fragmentación del chokepoint único en un subcontinente de pasos en disputa. Sudamérica posee la posición. Lo que está en juego es si la administra como capital geopolítico o la sigue tratando como una traza vial a financiar.
El 18 de junio el Gobierno argentino adjudicó la concesión de la Vía Navegable Troncal -la arteria por la que circula cerca del 80% del comercio exterior del país- al consorcio belga-argentino Jan De Nul–Servimagnus, mediante la Resolución 36/2026 de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación. Cierra así, 31 años después de la última licitación del mismo tipo, la mayor privatización de la gestión Milei: 25 años de concesión de obra pública por peaje, a riesgo empresario y sin aval estatal, con una reducción anunciada del 13,5% en costos logísticos. El proceso fue auditado en sus tres etapas por la UNCTAD.
La definición tuvo una trasfondo geopolítico que la cobertura económica pasó por alto. El 27 de mayo, antes de conocerse el dictamen de preadjudicación, Jan De Nul y Servimagnus difundieron una declaración que ratificaba el carácter occidental de su propuesta: estructura societaria y esquema de financiamiento sin participación de empresas chinas ni financiamiento soberano extranjero; priorización de proveedores tecnológicos estadounidenses; y transferencia del código fuente del sistema de monitoreo y gestión a la autoridad de aplicación, con capacidad de auditoría para el Estado. La perdedora, la también belga DEME, respondió escalando: una carta al ministro Caputo firmada junto a ejecutivos de Great Lakes Dredge & Dock, Clear Street y el fondo KKR, con una oferta de peaje 17,4% menor e invocación del respaldo del gobierno de Trump, más una batería de recursos de alzada contra la evaluación. Jan De Nul salió al cruce de la oferta de DEME; el Ministerio de Economía rechazó los recursos con la Resolución 844/2026; la Procuración del Tesoro respaldó el procedimiento. En la etapa económica las dos finalistas habían empatado en el piso del pliego: la definición quedó atada al puntaje técnico, donde Jan De Nul tuvo ventaja decisiva.
En las mismas semanas se acumularon los otros movimientos. Louis Dreyfus Company anunció su mayor inversión en el agro argentino en una década, una planta de molienda en Bahía Blanca integrada a su puerto de aguas profundas, el único gran nodo agroexportador del país que no depende del dragado del Paraná. La Embajada de Estados Unidos lanzó el Protecting Global Commons Program: cinco años de equipamiento, entrenamiento y vigilancia conjunta del Atlántico Sur con la Armada, con dos aeronaves Textron B-360ER de patrullaje marítimo como componente central. La FAO y el Gobierno presentaron la Estrategia Nacional de Puertos Azules, con el Acuerdo sobre Medidas del Estado Rector del Puerto ya con media sanción en el Congreso. Colombia presentó -días antes de su primera vuelta presidencial- los estudios de prefactibilidad de un corredor férreo interoceánico por el Chocó, con el argumento explícito de ofrecer una alternativa al Canal de Panamá, ese mismo Canal que desde febrero está bajo reabsorción estadounidense tras la anulación judicial de la concesión de CK Hutchison sobre Balboa y Cristóbal.
La pregunta que circuló fue si los corredores bioceánicos son una maniobra china para abaratar el Canal ahora que volvió a la órbita de Washington. La pregunta que ordena el tablero es incluso anterior: qué le pasa a una región cuando el sistema de paso único se convierte en un sub-sistema de pasos en disputa, y ella es dueña de varios de esos pasos.
La lección de la hidrovía trasciende el dragado: un activo estratégico se defiende con calidad institucional del procedimiento antes que con geopolítica de las partes. La auditoría de la UNCTAD, el empate económico que forzó la definición por mérito y la exigencia de transferencia del código fuente hicieron más por la soberanía argentina sobre la arteria que cualquier alineamiento declarado. Para los sectores que Strathos cubre, eso implica una traducción directa.
Minería. Los proyectos de cobre y litio del NOA dependen de salidas portuarias cuya gobernanza está en disputa; el riesgo de tránsito debe entrar al análisis de factibilidad con el peso que hoy se le da a la permisología. Banca. El financiamiento de infraestructura portuaria y fluvial se volvió instrumento geopolítico, y aparece un tercer financiador que conviene mirar: la banca multilateral de desarrollo -BID, Fonplata- que sostiene los corredores terrestres con crédito presentado como neutral. La neutralidad de ese crédito es una hipótesis a auditar cuando el corredor adquiere valor estratégico. Energía. Vaca Muerta y La Luna confirman que el valor de un área de captación energética se realiza únicamente a través de pasos confiables; la migración del capital de LDC hacia Bahía Blanca anticipa hacia dónde se mueve la inversión cuando la arteria principal se politiza.
La batalla por los corredores futuros se decide hoy en quién opera los existentes y en qué área de captación madura primero. La infraestructura anunciada es señalización; la infraestructura operada, con soberanía retenida sobre su operación, es poder.
- Firma del contrato de la VNT dentro del plazo de 30 días y términos finales de la transferencia tecnológica al Estado (test real de la soberanía declarada).
- Términos de la licitación internacional por Balboa y Cristóbal en Panamá y composición final del consorcio adjudicatario.
- Asunción del nuevo gobierno colombiano y continuidad o archivo de la fase de factibilidad del corredor del Chocó, atada al desbloqueo del no convencional en La Luna.
- Comportamiento de la flota extranjera en la milla 201 en la temporada de calamar 2027, como prueba de la nueva capacidad de vigilancia.
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