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El capital global se está moviendo por lógica geopolítica. En el mapa del refugio que dibuja el último informe de UBS, América Latina figura como origen de la fuga, no como destino.

Cada año UBS encuesta a un conjunto de family offices -en esta edición, 307 oficinas en más de treinta mercados, con un patrimonio neto promedio de 2.700 millones de dólares- y publica lo que esos vehículos planean hacer con el dinero. El Global Family Office Report 2026 importa por una razón simple: estas oficinas administran capital paciente, de largo plazo, poco propenso a especular de forma reactiva. Cuando deciden moverse en bloque, conviene mirar hacia dónde.

Este año decidieron moverse como nunca antes. El 60% planea cambiar su asignación estratégica de activos en los próximos doce meses, el registro más alto en la historia del informe. La asignación estratégica es, por definición, la parte del portafolio que casi no se toca: el ancla. Que seis de cada diez la estén levantando a la vez es el dato central, y no la obviedad de que la geopolítica encabeza el ranking de riesgos.

Un Riesgo que ya no viene solo

Sí, el conflicto geopolítico mayor es la preocupación número uno en ambos horizontes: 64% a doce meses, 61% a cinco años. Pero leer ahí «la geopolítica es imbatible» sería quedarse corto. A doce meses, la geopolítica domina con holgura. A cinco años, el cuadro cambia de naturaleza: la crisis de deuda salta del 31% al 56%, la crisis financiera del 27% al 51%, la recesión global del 17% al 50%. La brecha entre el primer miedo y los que lo siguen se comprime hasta casi desaparecer.

En paralelo, la guerra comercial se desinfla: del 49% a doce meses al 36% a cinco años. Los aranceles se perciben como coyuntura; la fractura geopolítica, como condición estructural que arrastra detrás a la deuda soberana y al sistema financiero. Esa es la lectura honesta del informe. El riesgo geopolítico dejó de ser un evento y pasó a ser el clima.

Dónde se refugia el dinero

La respuesta de las family offices es defensiva y geográfica a la vez. Reducen inmobiliario (del 11% al 8% entre las que ajustan), inclinan las carteras hacia renta variable emergente e infraestructura, y elevan el oro -del 2% al 3%-, que el propio informe describe como cobertura frente al riesgo geopolítico y como instrumento para bajar exposición al dólar.

Porque el dólar es la otra grieta. Buena parte de los encuestados, incluso dentro de Estados Unidos, espera que la confianza en el billete como moneda de reserva se debilite, y considera su exposición actual más alta de lo deseado. Los refugios nombrados son el franco suizo y el euro. El 88% ya mantiene activos bancables en dos o más jurisdicciones. La consigna, en el lenguaje del propio reporte, es multishoring: no depender de una sola plaza por si las condiciones geopolíticas o regulatorias se deterioran.

Y cuando el capital busca a dónde ir, el informe es explícito sobre el destino: Asia Pacífico, la Gran China y Europa Occidental. América del Norte conserva la mayor tajada por inercia y por sesgo doméstico estadounidense, pero el flujo nuevo apunta a esas tres geografías.

El lugar vacío en el mapa

Acá aparece lo que UBS no subraya y conviene subrayar. En todo el reporte, América Latina no figura como destino de la gran reasignación. No está entre las geografías que captan el capital que huye. Aparece, en cambio, del otro lado del mostrador.

El cuadro de jurisdicciones del informe lo muestra sin ambigüedad: las family offices latinoamericanas son las más diversificadas hacia afuera de toda la muestra. Ninguna opera en una sola jurisdicción -cero por ciento-, el 52% lo hace en tres y el 26% en cuatro. Es el capital regional el que se va, el que multishorea para protegerse de su propio entorno. La única voz latinoamericana que el informe cita es la de un family officer chileno preguntándose, sobre una economía en forma de K, cuánto más podrán los gobiernos seguir gastando y endeudándose.

La fotografía es nítida y es incómoda: el dinero global que busca resguardo rutea alrededor de la región, y el dinero de la región se fuga hacia las mismas plazas que reciben a ese capital global. América Latina exporta capital de cobertura e importa, en su lugar, la condición de riesgo de la que ese capital escapa.

Geoeconomía, no coyuntura

Lo que el informe documenta, sin nombrarlo, es geoeconomía en estado puro. Capital que se mueve por lógica de poder antes que por lógica de retorno: se diversifica por jurisdicción para preservar flexibilidad ante un deterioro político, compra oro como seguro geopolítico, abandona una moneda de reserva por desconfianza estratégica. Edward Luttwak describió hace tres décadas el desplazamiento de la gramática del conflicto desde lo militar hacia lo financiero y comercial. El 60% de reasignación estratégica de UBS es esa gramática aplicada a una planilla de activos.

Para una región cuyas tres exposiciones críticas son minería, banca y energía, la lectura sectorial no es menor. Las family offices aumentan infraestructura y electrificación -demanda directa sobre minerales críticos que América Latina produce, pero cuya cadena de valor no controla-. Elevan el oro -relevancia minera evidente-. Y desconfían del dólar mientras la banca regional sigue dolarizada de hecho. La región queda expuesta a los tres vectores del reacomodamiento sin estar sentada en la mesa donde se decide a dónde va el capital que esos vectores liberan.

Qué mirar

El informe de UBS no es un pronóstico, es un termómetro de hacia dónde se inclina el capital paciente del mundo. Lo que mide este año es una región que aparece como cantera de materias primas y como exportadora neta de su propio capital de resguardo, mientras el flujo de refugio se ordena entre Asia, China y Europa. El interrogante estratégico para América Latina no pasa por cómo atraer ese capital en el corto plazo. Pasa por entender que, en el mapa que las mayores fortunas del mundo están dibujando para los próximos cinco años, todavía no ocupa un casillero propio.

Fuente: Global Family Office Report 2026 de UBS.